sábado, 1 de marzo de 2008

CONOCIENDO A WALTER VELTRONI.





Walter Veltroni (Roma, 1955) es la gran esperanza del centroizquierda italiano para disputarle a Silvio Berlusconi la victoria en las elecciones del 13 y 14 de abril. Optimista absoluto, en esta entrevista concedida anoche a bordo del autobús de campaña, el candidato afirma que "los italianos están hartos del pasado".

Pregunta. ¿Cansado?

Respuesta. No.

P. Entonces, ¿si puó fare?

R. Yes, we can [sí, podemos]. ¿Saben que el eslogan nació por casualidad? En una rueda de prensa, me preguntó una periodista, ¿yes, we can?, dije yes, we can, y de ahí partió todo.

P. Demasiado sajón para algunos.

R. Cuando el viento cambia en EE UU, cambia en todas partes. La victoria de Clinton en 1992 trajo a Europa una ola de triunfos de la izquierda y el centro izquierda.

P. Pero Berlusconi sigue siendo favorito.

R. Me impresión es que un partido que hoy mantenga una línea poco atenta a las cuestiones sociales y medioambientales tiene poco que decir en unas elecciones modernas. La teoría de los ciclos solidaridad / individualismo de Schlesinger suele cumplirse; y en este momento creo que estamos en una fase de crisis, inseguridad y globalización que hace que la gente quiera reforzar el tejido solidario. Nuestro adversario [siempre evita citar a Berlusconi] ha gobernado siete años y ni ha modernizado ni ha transformado el país. Los italianos lo saben. Todo lo que dice lo hemos oído ya.

P. ¿Si empata o gana por poco, pactaría con Berlusconi?

R. No. Reformas institucionales, sí; acuerdos de gobierno, no. La mayoría en la Cámara será siempre amplia, porque la ley concede el 55% a la fuerza más votada, pero puede que en el Senado sea más ajustada. Nuestra propuesta es un sistema de doble turno. Queremos dar más poder al primer ministro para que actúe más deprisa. Necesitamos velocidad. Hemos estado parados demasiado tiempo, sometidos al poder inmenso de partidos que tenían el 0,6% y decidían como si tuvieran el 40%.

P. La izquierda radical se siente abandonada por su decisión de presentarse solo. Y usted evita pronunciar la palabra izquierda...

R. Es que somos reformistas, no de izquierdas. Los ciudadanos son ciudadanos antes que nada. No se levantan diciendo soy de centroderecha. Hemos cerrado la alianza con ellos porque las diferencias eran abismales en muchos campos. Hemos tenido el valor de decirlo, y ahora la cosa está cada vez más clara.

P. ¿Cree que una victoria de José Luis Rodríguez Zapatero el 9 de marzo le ayudará a ganar?

R. . Seguro. He hablado con José Luis, somos viejos amigos, estuve con él en la Moncloa hace un par de meses, y le encontré confiado y determinado. Lo ha hecho muy bien. Lo he dicho en toda Italia. Su actuación en la Cumbre Iberoamericana defendiendo a Aznar ante Chávez fue estupenda. Ese sentido de la identidad nacional y democrática es difícil verlo en Italia.

P. ¿Los homosexuales italianos tendrán una ley que tutele sus derechos?

R. Hemos propuesto una ley que tutele sus garantías y derechos. En Italia, por ejemplo, dos personas que viven juntas no pueden entrar juntas al hospital. Tenemos que encontrar un punto de síntesis, igual que hicimos con la ley del aborto, que es buena para todos. Pero no quiero introducir en la campaña temas que fracturen a los italianos. Haremos una cosa con más sfumature, con matices, para incluir diferentes sensibilidades.

P. ¿Si gana se hará por fin la ley de incompatibilidad?

R. Haremos una normativa, pero no será una ley antinadie. Querría hacerla con consenso, como hacen los liberales las reglas del juego de la democracia, no contra éste o aquél. He desmontado unilateralmente la demonización y eso les ha obligado a reubicarse a ellos también. No quiero alimentar ese juego.

P. ¿Siente que ha vencido el efecto de la caída del Gobierno Prodi?

R. Sí, eso dicen los datos. Y sobre todo la gente: gente de todas las ideologías dice que nos va a votar. Recortamos mucho y queda mes y medio. Si nos hubiéramos presentado con la misma fórmula de hace dos años hubiera sido un desastre.

P. ¿Cuál será la primera medida de su gobierno?

R. Me gustaría desmontar esa burocracia salvaje que parece hecha aposta para deprimir a los emprendedores. Renovar la justicia y el sistema fiscal, modificar la visión económica. Ya no tenemos coches como el los setenta, ni telecomunicaciones como en los noventa. Ahora debemos hacer la reconversión ecológica.

VELTRONI PARA LA ITALIA DEL SIGLO XXI.

No cabe nadie más en el Teatro del Pavone, una linda bombonera perugiana, y la platea está abarrotada con 700 personas. Muchos son jóvenes de 20 años o menos. Fuera se han quedado 500 ciudadanos más, viendo y escuchando por una pantalla gigante las palabras de Walter Veltroni. La región de Umbria es territorio fiel del Partido Democrático, aquí arrancó la campaña electoral hace dos semanas. Veltroni habla con calma, con el tono mesurado y absoluta naturalidad. Ni arengas, ni gritos, ni promesas enloquecidas, ni insultos al adversario; un estilo razonable, convincente y medido. De vez en cuando, se permite la alegría de un chiste, bastante bueno por cierto. Sin un solo papel delante, habla durante más de una hora. Largo, sí, pero cada poco el auditorio aplaude. "Bravo, Walter", grita una mujer rematando las frases brillantes.

El Giro de la Nueva Italia no ha hecho más que empezar, faltan 45 días para las elecciones, pero la energía que desprende Walter Veltroni, de 52 años, parece perfectamente engrasada. Sus formas, sus ideas, su tono y su talante son toda una novedad. Tras 15 años de caos, gritos, corrupción y politiquería, tras dos años escasos de un Gobierno Prodi que fue atacado desde dentro y fuera, tras años de estancamiento económico, cuando Italia parecía resignada a un inevitable e incierto regreso a Berlusconi, aquí está Veltroni, con sus modales exquisitos, su aspecto de italiano corriente, su cultura laicista pero cuidadosa con los católicos y su mensaje de renovación total.

En el escenario del Pavone hay una bandera tricolor. Tres jóvenes locales de entre 16 y 26 años (Tiziano, Adele y Daniela) han abierto el mitin a la americana, preguntando desde el atril al candidato del Partido Democrático por el futuro. "Siempre lo hacemos así", explica Veltroni a la audiencia: "La bandera y los jóvenes. Y cada día me impresiona la fuerza, la seguridad, la claridad con la que hablan nuestros muchachos. Y cuántos de vosotros venís a escucharme con esperanza".

¿Cuál es el secreto para que de repente los jóvenes italianos se hayan acercado a la política? Les habla de Salinger, les habla de Joseph Conrad, les habla de deporte, de crear 100 campus nuevos, de abrir los colegios por las tardes, de cambiar sus programas anquilosados, de potenciar su creatividad. Les dice que quiere llevar al Parlamento a "la Italia verdadera, la Italia joven, la Italia que trabaja, la Italia que se cansa, la Italia que piensa".

En sus listas hay más mujeres, más jóvenes, más obreros, más empresarios, menos políticos profesionales. Es la política de la cercanía, de la no ideología, de los que no les interesa la política. Quizá es que su energía es espontánea y por eso suena real. Según los colaboradores que le acompañan en el viaje puerta a puerta, Veltroni es un tipo apasionado, que cree mucho en lo que hace y que ha soñado durante 20 años, desde que descubrió a Kennedy y su "bella política", con este momento: crear un partido a imagen y semejanza del Partido Demócrata estadounidense, y una vez hecho eso cambiar de un plumazo Italia y la política italiana.

Con un estilo familiar y didáctico, a medias entre Barack Obama y un pastor, Veltroni sigue lanzando mensajes positivos: "Los sondeos van bien, pero no miden una cosa: la necesidad de novedad", dice. "Se nota un aire nuevo, y hay un mundo nuevo por crear. Divirtámonos haciéndolo, porque no es una guerra ni una batalla. Es solo una competición para ver si Italia cambia o sigue igual".

Maura, de 29 años, y Aurora, de 25, perugianas las dos, una recién licenciada y la otra a punto de hacerlo en la facultad de Medicina, creen en Veltroni. Salen ilusionadas, "aunque ya veníamos convencidas". Maura, de todos modos, no tiene mucha fe en que el sueño acabe bien. Su diagnóstico destila pura desesperanza: "Este país está para emigrar, no tiene solución. La burocracia es espantosa, paralizante, y solo si eres muy bueno y tienes una recomendación puedes encontrar trabajo. Por lo menos en lo nuestro. El mensaje de Veltroni es exacto, todo lo que dice es verdad. Nos falta ver si el sistema le dejará cambiar todo lo que hay que cambiar".

La campaña será agotadora. Veltroni recorrerá las 110 provincias italianas, lleva una quincena y le faltan 85. Cada día visita, de media, cuatro localidades. Viaja en un autobús verde, italiano y ecológico. Y apenas pasa por su despacho romano del PD, el llamado Loft de Piazza Santa Anastasia. La jornada tipo, similar a la de ayer, es un tour de force, con elementos estadounidenses: un mitin en un cine, otro al aire libre, visitas a fábricas, escuelas, hospitales, y por la noche cena con empresarios y profesionales locales, que aportan fondos a la campaña.

"Hacen falta 30 años para cambiar este país, esto está destruido", afirma Giovanni Bianchi, de 54 años. "Yo era jefe de oficina en una compañía de seguros, pero la empresa fue vendida a un grupo francoholandés y me tuve que marchar. Ahora trabajo el doble y gano la mitad. Y nadie hace nada por nosotros. Si Veltroni gana y luego nos traiciona, ya no votaré más".

Él se comunica con todos; quiere saber de primera mano qué les preocupa a sus compatriotas, qué problemas tienen. Ayer, en San Sisto, cerca de Perugia, comió en casa de una familia media italiana: los Pasqualoni. Pequeños empresarios de la piel, hacen bolsos y cinturones. Los padres y los dos hijos trabajan en la fábrica. Tienen siete empleados. Comieron tagliatelle y torta de testo, una delicia local. "La pequeña empresa es crucial para el futuro".




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