
Su herencia está ahí. Ya no hay quien la mueva. Lo que se mueve, en cambio, es la realidad de las dos grandes crisis abiertas, de forma que la toxicidad del legado que le pasa a Obama puede amplificarse con el tiempo. La ignorancia sobre la profundidad de la recesión que se nos ha venido encima es la misma el 4 de noviembre, día de las elecciones, que hoy mismo, y por ello mucho más grave. Nadie es capaz de decirnos ahora dónde estaremos el 20 de enero cuando tome posesión el nuevo presidente: las sondas no han dado todavía con el fondo de este océano turbulento. La gestión dificultosa de la guerra de Afganistán se funde ahora mismo con la tensión entre India y Pakistán tras los ataques terroristas en Bombay: habrá que ver también el estado de las relaciones entre las dos potencias nucleares asiáticas el día de la Inauguración y dónde se situará entonces el puntero de las prioridades del nuevo presidente. Una crisis se desplaza en dirección vertical y hacia abajo: la económica; y la otra, salida del torbellino de Oriente Próximo, hacia el Este, donde está la falla más peligrosa. El presidente saliente de EE UU, George W. Bush, ha reconocido que el mayor error de sus ocho años en la Casa Blanca fue hacer caso a los informes de inteligencia que decían que había armas de destrucción masiva en Irak. En una entrevista concedida a la cadena estadounidense ABC News, de la que se han publicado extractos, el mandatario también admite que no estaba preparado para la guerra cuando se convirtió en 2001 en presidente. "No hice campaña diciendo: 'por favor voten por mí, seré capaz de manejar un ataque'. No anticipé la guerra", alegò.
Bush abandonará el próximo 20 de enero la Casa Blanca con unos índices de popularidad en sus niveles más bajos de toda la historia moderna de EEUU, en gran parte por haber comenzado una guerra a la que muchos estadounidenses se habían opuesto. "El mayor arrepentimiento de toda mi presidencia tiene que ser el error de Inteligencia en Irak. Mucha gente se jugó su reputación al decir que las armas de destrucción masiva eran una razón para derrocar a Sadam Hussein", afirma.
El presidente no ha querido decir, sin embargo, qué hubiera hecho si los servicios de espionaje le hubiesen dicho que las armas de destrucción masiva no existían, como después se comprobó. "Es una interesante pregunta, pero es una vuelta al pasado que no puedo hacer. Es difícil para mí especular" sobre esa hipótesis, afirmó Bush al periodista Charles Gibson en una reciente conversación en Camp David, la residencia de descanso presidencial en las montañas de Maryland.
En la guerra en Irak han muerto más de 4.000 soldados estadounienses. Actualmente hay unos 150.000 en el país árabe. Pese a los informes erróneos, Bush dice sentirse orgulloso de no haber retirado de manera prematura a las tropas en Irak, una decisión que se basó en sus principios. "Fue una decisión difícil, especialmente porque mucha gente me recomendaba salir de Irak o retirarnos", ha asegurado. "Si pones en peligro a niños, vas [a la guerra] para ganarla. La retirada hubiera comprometido mis principios", agrega.
Para el mandatario estadounidense, el mayor logro de su mandato ha sido la guerra contra el terror y el haber mantenido a salvo a los estadounidenses desde los atentados del 11 de septiembre del 2001 en EEUU. Además, espera que le recuerden como un presidente que ha tomado decisiones difíciles con principios y que "no ha vendido su alma" para hacer política.
No es la primera vez en los últimos tiempos que Bush admite haberse equivocado en su periodo en la Casa Blanca. Hace menos de un mes, poco después de conocer la victoria de Obama en las elecciones, el mandatario declaró que se arrepentía de haber declarado prematuramente la victoria en la guerra, así como que fue error haber prometido encontrar "vivo o muerto" al líder de Al Qaeda, Osama Bin Laden, responsable de los atentados del 11 de septiembre de 2001.

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