domingo, 25 de octubre de 2009

ABUSO POLICIAL EN R.D EN EL SIGLO XXI

Gracias a clave digital y a Panky Corcino por su buena labor.

SANTO DOMINGO, DN.-“Esas son cosas que cuando uno habla revive el momento; eso me tiene a mi en trauma, casi no duermo, cada vez que me acuesto veo a toda esa gente arriba de mí dándome golpes”. Pedro Aníbal Martínez Taveras, de 44 años, había escuchado sobre el peligro que entrañaban las frecuentes denuncias de ejecuciones extrajudiciales, torturas y de la brutalidad que se atribuyen a miembros de la Policía Nacional. Pero el problema no le parecía tan real o cercano hasta que tuvo a siete agentes encima, golpeándolo y amenazándolo de muerte con sus armas de reglamento.

Entre enero y agosto de este año la Policía Nacional mató a 226 civiles en “acciones policiales”.
Orlando Ramos/Clave Digital
Por eso, al igual que su hermana Sibelis Martínez, no muestra ninguna sorpresa cuando los medios informativos reproducen la noticia de que la Policía ejecutó a Cecilio (Manuel) Díaz y William de Jesús Batista Checo, los dos supuestos secuestradores del joven Eduardo Baldera Gómez que habían sido apresados por campesinos y miembros de la Marina de Guerra que lo entregaron vivos.

Con las muertes de Díaz y Batista Checho la gestión del jefe de la Policía, mayor general Rafael Guillermo Guzmán Fermín, engrosa la lista de supuestos delincuentes muertos en las denominadas “acciones policiales” que entre enero y agosto de este año costaron la vida a 226 personas, según la Procuraduría.

Las mismas cifras oficiales sitúan en 378 el número de muertes ocurridas “en acción policial” entre enero y agosto del año 2008. El tema preocupa a organizaciones como la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, Participación Ciudadana o la cúpula de la iglesia Católica.

LA POLICÍA SE DEFIENDE, PERO LAS DENUNCIAS NO CESAN
NELSON ROSARIO, Vocero de la Policía
Considera que las denuncias constantes sobre ejecuciones extrajudiciales y brutalidad no afectan la imagen pública, ni la credibilidad de la Policía.
NIDIO ROSARIO TAPIA, Teniente de la Policía
El segundo teniente a cargo del destacamento de Villas Agrícolas insiste en que no torturó al vigilante Nelson Enrique Olivo.
SIBELIS MARTÍNEZ, Familia de víctima
Asegura que tuvo que acudir ante el fiscal de Villa Duarte para poder salvar la vida de su hermano, Pedro Martínez.
M. MARÍA MERCEDES, Presidente CNDH
Dice que ejecutar a los sospechosos del secuestro de Baldera Gómez “no fue una decisión de una patrulla, porque la jefatura sabía que estaban detenidos“.
DANIEL POU, Investigador de Flacso

Entiende que la Policía, cuya función y aprendizaje desde la guerra fría ha sido la represión, actúa al margen de los principios de un Estado de Derecho.

En su mensaje con motivo del 27 de Febrero de este año, Día de la Independencia, la Conferencia del Episcopado planteó que a los problemas de inseguridad y violencia que afectan al país “se agrega el auge de las ejecuciones extrajudiciales a través de los llamados intercambios de disparos, la intolerancia policial en unos casos, los asesinatos de agentes policiales o de seguridad”.

Agresión. Con dos costillas rotas y problemas en los riñones que lo obligaron a llevar una sonda puesta durante nueve días, Martínez Taveras conoció el rostro que la Policía presenta a muchos dominicanos. Los hechos ocurrieron el 20 de agosto en Barrio Nuevo, Los Frailes.

Martínez Taveras, mecánico de oficio, se había comprometido a vender por RD$55 mil un carro Acura Legend a un hombre que identifica solo como “El abogado Montero”, pero el negocio no se concretó.

Días más tarde traspasó el vehículo por RD$65 mil a otra persona, lo cual le generó una agria discusión con el supuesto profesional del Derecho.

El abogado lo encaró en las calles del barrio y lo acusó de ladrón. Esto motivó que Martínez Taveras lo denunciara ante el destacamento policial de Los Frailes el día 13 de agosto. Pero horas más tarde tuvo una riña con Montero, a quien propinó una fuerte herida en la cabeza con una botella.

Cuenta que después de la riña esperó que la Policía lo apresara, pero en el barrio empezaron a advertirle que una patrulla lo estaba buscando para matarlo y que se cuidara porque se movilizaban en vehículos sin placas. A las 4:00 de la tarde del día 20 de agosto los perseguidores lo encontraron en una vieja casona en construcción que cuida y en la que residen varios haitianos.

Asegura que cuando los policías se disponían a matarlo pudo identificar a uno de ellos, conocido como Javier o Tafuri, y lo delató ante la gente del barrio que se aglomeró para presenciar la golpiza que estaba padeciendo.

Cuenta que el oficial le dijo a una mujer que trabaja en un colmado y que salió en su auxilio: “Échese para allá doña, que este es un asesino que hay que matarlo porque tiene cinco muertos allá dentro (en la casa que cuida)”.

Dice que en ese momento se acercaron otros de los agentes y le dijeron a Javier: ‘Quítate, quítate para entrarle a tiros’. Pero él (Javier) le entró la mano y dijo: ‘No, no, no le tiren que me metió al medio este hijo de su maldita madre, vamos a despedazarlo a golpes’”.

Acto seguido, según el relato de la víctima, lo ataron con un alambre de 120 voltios y siguieron golpeándolo en presencia de todos, incluso de varias de sus sobrinas. Afortunadamente, por el lugar pasó en una motocicleta el segundo teniente policial Isidro Javier Celedonio, quien medió a su favor, pero también recibió algunos golpes en medio de una discusión con los agentes agresores.

Según el Departamento de Asuntos Internos de la Policía entre los agresores figuran el segundo teniente Javier de la Cruz y el cabo José Gabriel Zabala.

Los agentes se movilizaron en un carro Mazda azul, placa 142514; el otro era rojo y no tenía placa.

El vocero de la Policía, Nelson Rosario, asegura que los agentes que actuaron en ese caso “ya fueron sancionados”, pero Martínez mantiene la convicción de que el organismo sencillamente no hizo nada al respecto.

DENUNCIAN

Les ponían fundas en las cabezas

En julio la Comisión Nacional de los Derechos Humanos denunció que la Policía había torturado a Nelson Enrique Olivo, Santiago Javier Peralta, Sterlin Febles Santa, Daniel Mella, Juan Bautista Torres, José Luis Cabrera y Juan Isidro Veras. Dijo que a esos ciudadanos se le introdujeron las cabezas en fundas plásticas para simular asfixia, se les introdujeron cebollas por el ano o la boca o les apretaron los genitales.

También Nelson Enrique Olivo, de 60 años, tiene la misma decepción. Cuenta que fue torturado por la Policía cuando trabajaba como vigilante de un garaje ubicado en un bloque de edificios, frente al mercado Nuevo, en Villas Agrícolas.

Olivo explica que el pasado julio los dueños de un colmado ubicado en el complejo reportaron un robo y, aunque no le pagaban por vigilar ese negocio, los agentes policiales de Villas Agrícolas, encabezados por el segundo teniente Nidio Rosario Tapia, lo detuvieron y lo torturaron.

Cuenta que lo sentaron sobre una varilla redonda para provocarle calambres en todo el cuerpo, lo golpearon con insistencia, le introdujeron una cebolla en la boca y le colocaron una funda negra en la cabeza para obstruir su libre respiración.

ARBITRARIEDAD

Lo mató en una sala de hospital

Una de las últimas víctimas de la Policía fue el motoconchista Lisandro Cuevas Ferreras, baleado en la sala de emergencias del hospital público de Palenque, San Cristóbal, por el cabo Santo Santana Ferrer. El hecho ocurrió el sábado 17 de este mes tras un conflicto por un desalojo en el que el joven había resultado herido.

El informe de Derechos Humanos de 2008, del Departamento de Estado de Estados Unidos, denuncia lo que denomina “la privación arbitraria o ilegal de la vida”.

En su defensa, Rosario Tapia alega que la investigación determinó que Olivo había sido deportado de Estados Unidos en 1996, donde cumplió una sentencia por consumo de drogas. El fiscal Nicolás Álvarez dispuso su libertad sin formularle cargos por el citado robo. Pero, según su testimonio, ya habían pasado 60 horas presos en las que sobrevivió gracias a la comida de los otros detenidos.

Le duele que no le dejaron hacer una llamada y que los RD$600 pesos en crédito que tenía en su teléfono fueran consumidos por los agentes policiales que, además, lo despojaron de RD$150 y del puñal que utilizada en sus labores de vigilancia.

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