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lunes, 25 de enero de 2010

LOS DOMINICANOS VENCEN EL TERREMOTO DE HAITI.


Las palabras del titulo no vienen del autor de este blog, sino de las autoridades de todos los países del mundo que han visto los esfuerzos extrahumanos de voluntarios, familias, empresarios , artistas, deportistas y de todo el dominicano, que sin descanso y sin mirar chismes, comentarios negativos, insultos, y demás sandeces que se dicen de nuestro país, se han dedicado día y noche a ayudar sin interes alguno su hermano siames, Haití. Desde el 12 de enero, varios hospitales de República Dominicana han tratado de urgencia a miles de heridos por el terremoto que asoló Haití. Sólo en el Darío Contreras, ubicado en el municipio de Santo Domingo Este, han atendido a 146. "Estamos trabajando como en una situación de guerra", dice su director, Héctor Quezada, acostumbrado a actuar en un ambiente de crisis. Al centro que dirige, enclavado entre grandes barriadas populares, llega el 80% de los pacientes de traumatología de República Dominicana, y los pasillos de los diferentes edificios del complejo siempre están repletos.

http://www.youtube.com/watch?v=mzokkLN4GUc

Pero ahora todo es distinto. En los corredores de la planta baja del centro se suceden las camas pegadas a las paredes. Hay un área de hombres, otra de mujeres y una tercera de niños. En las salas de esta última, se agolpan decenas de chicos y chicas en camas de sábanas revueltas.

Thisain es uno de ellos. Llora sin consuelo. Su padre intenta calmarle. "Pregunta por su madre", dice. Está viva, en Haití. Le tumban. Él se incorpora y estira el brazo derecho hacia sus pies, como si quisiera cubrirse con la sábana, pero en el fondo intenta llegar a la venda que lo tiene atado al barrote de la cama. "Le han operado de la cabeza y le duele todo el cuerpo", dice un ortopeda que pasa visita.

En la sala contigua, Bleu Airmé Junior tiene una gran cicatriz en el medio de la cabeza, desde la frente hasta casi la nuca. No llora ni se lamenta. Sólo agarra con sus manos un coche rojo de juguete y lo hace rodar sobre la cama. Su tranquilidad, su fija mirada y su silencio impresionan.

En una tercera habitación, más grande que las anteriores, Joseph Christopher, de apenas dos meses, tiene una pierna enyesada. Llora desconsolado, con la aguja del suero colocada en su frágil muñeca cubierta por una venda. A su lado, una mujer se descubre el pecho y lo agarra con suavidad. La criatura calla.

Enfrente, el panorama es más crítico. Suine Keby está cubierta de vendas y sólo encuentra la paz cuando implora a su padre con el brazo y la mirada para que la acurruque. Tiene dos años y tres meses. La rescataron tras pasar tres días bajo los escombros en Puerto Príncipe. Hace pocas horas que la operaron. Llegó con el cráneo abierto y un brazo roto.

Entre el barullo aparece María del Carmen González. Dominicana, madre soltera de seis hijos, llegó al hospital porque uno de ellos se rompió un brazo. "Me dolían los senos porque estaban llenos de leche. Tengo una niña de dos meses. Le hablé a una enfermera de mis molestias y me ofreció amamantar a algunos de los niños. Les ayudé, pero ellos también a mí", dice compungida.

Es otro caso de la solidaridad dominicana, manifestada desde el primer momento una vez conocida la tragedia del vecino, y que ha hecho olvidar desde hace 12 días la rivalidad histórica entre ambos países. La de González tiene un sabor especial, al tratarse de una mujer que no tiene techo propio, que vive en un barrio pobre y que aprovecha la charla con el periodista para pedirle al presidente de la República que le consiga un trabajo.

El doctor Héctor Quezada explica que han operado a 75 de los 146 heridos recibidos. No recuerda las amputaciones practicadas, pero sí que todos llegaron con grandes traumas. Casi la mitad está en condiciones de abandonar el hospital, lo que ayudaría a descongestionarlo. "Por suerte ya se han conseguido habilitar algunos albergues y casas particulares para llevarlos, pero hasta ahora no había dónde", explica.

A unos 10 kilómetros del Darío Contreras, ya en territorio capitalino, el silencio y el orden reinan en el moderno Hospital General Plaza de la Salud. Es una muestra más de los contrastes de un país que da pasos para anclarse en la modernidad, pero que arrastra consigo un importante bagaje de pobreza. Al contrario que en el sanatorio popular, aquí no hay pacientes en los pasillos. Los 68 heridos llegados desde Haití descansan en habitaciones.

Si en el Darío Contreras el personal hospitalario tenía que luchar incluso para encontrar espacio para los pacientes que podían recibir el alta pero no sabían adónde ir, en el Plaza de la Salud eso es una anécdota. Los 68 heridos recibidos en la primera semana, remitidos al hospital por la ONU, delegaciones diplomáticas y organizaciones religiosas, "son personas con la posibilidad bien de regresar a su país o de estar en algún otro lugar para su recuperación", explica Nepomuceno Mejía, director médico del centro.

Los pacientes llegaron con el mismo cuadro que al Darío Contreras: traumas, laceraciones. "Quedan 28 ingresados, todos con evolución satisfactoria". Con todos se está trabajando también desde el punto de vista emocional, dice el doctor Mejía.

Ni él ni el doctor Quezada esperan más pacientes por traumas, pero saben que la afluencia de heridos no va a cesar. "Llegarán menos" -dice el responsable del Darío Contreras- "pero con casos más complicados". Su colega espera infecciones, insuficiencias de todo tipo, anemias, problemas tromboembólicos, "más complicados y que necesitan un mayor nivel de cuidado". Quezada apunta: "Seguro que llega alguno al que ya no podremos salvar".- La ayuda para el desarrollo de Haití ha fluctuado considerablemente en las dos últimas décadas, pero desde el año 2002 ha registrado un aumento constante. Los principales donantes en el periodo 2007-2008 fueron EE UU, Canadá, el Banco Interamericano de Desarrollo y la UE.

Para mañana martes en la plaza España de la Zona Colonial de Santo Domingo, esperamos la participación de todo el mundo, en el concierto benefíco que estamos organizando para continuar nuestro proyecto de ayuda a Haiti, un grupo de musicos, periodistas, empresarios en conjunto con las autoridades locales ha decidido hacer este evento para continuar la recolecta de fondos para los refugiados, huerfanos, viudas y familias que todo lo han perdido e iniciar desde ya la reconstrucción de casas y trabajar por un mejor futuro para Haití.

martes, 19 de enero de 2010

EL CAOS Y LA FALTA DE GOBIERNO HAITI-1


Después de mis andanzas personales para llegar a Haití y llevar comida, agua, ropas medicinas y hasta juguetes para aliviar las penas de los niños que perdieron sus padres en esta catastrofe apocaliptica, de la cual no puedo sacar las imagenes de mi cabeza para conciliar el sueño, que nadie piense que con 15.000 botellas de agua y 14.000 bolsas de comida vayan a terminar con la sed y el hambre de los haitianos. Nadie que se imagine que con 50 paracaidistas a bordo de cuatro helicópteros se pueda acabar, por el único hecho de aterrizar en estilo cinematográfico en los jardines del destruido Palacio Presidencial, con el caos y el pillaje que siguen castigando a Puerto Príncipe. Pués con esas dos acciones, ejecutadas simultáneamente y acompañadas del apoyo mediático, las tropas de EE UU lanzaron el mensaje que la misión de Naciones Unidas no había logrado transmitir en siete días: "Ya estamos aquí. Y les vamos a ayudar". Pues quien escribe este blog, da testimonio de que esto no es así.

¿Pura parafernalia americana? Tal vez, pero algo que necesita el pueblo de Haití estos días es, además de agua y comida, un poco de esperanza. Pero si de paso alguien se percata, por primera vez en siete día, de que el puerto de la ciudad está destruido y de que es vital arreglarlo sin demora, mucho mejor. De eso también se olvidó las Naciones Unidas. Y en eso estaban ayer trabajando a toda prisa, pero esta vez en silencio, el capitán John Littel y el teniente Tim Mc Callister.

Littel pertenece a la Guardia Costera. McCallister, a la Marina de los Estados Unidos. Para llegar hasta ellos hace falta atravesar la ciudad y su paisaje de olores imposibles. El del polvo que desprenden las casas del centro cuando son saqueadas. El de la basura descomponiéndose o ardiendo en las esquinas. El olor dulzón de la muerte, que hasta ahora siempre venía acompañado de la imagen terrible de los cuerpos hinchados, apenas cubiertos por plásticos o mantas, pero que ahora asaltan al paseante a traición, desde las entrañas de los edificios destruidos, como un recordatorio de lo que guardan. Hay todavía otro olor, que ya estaba aquí cuando llegó el terremoto, y es el de la podredumbre que rodea también a los mercados más pobres de los países más pobres de África. Es el olor que el capitán Littel y el teniente Mc Callister perciben cuando el aire sopla desde la tierra hacia el puerto.

Los dos oficiales norteamericanos y el puñado de hombres a su cargo trabajan en silencio. Sin publicidad. De hecho, para llegar hasta ellos hay que franquear un pesado portón de hierro y esgrimir el mejor salvoconducto para moverse en Puerto Príncipe: ser blanco. Sin que nadie se lo haya dicho, el guardián negro del puerto deja pasar sin preguntas al blanco, mientras que da con la puerta en las narices al propietario de la moto que lo lleva por la ciudad. Littel y Mc Callister dice que llegaron el lunes a Haití y se pusieron a trabajar. Su misión era poner el puerto a punto para que los buques con la ayuda y los soldados empiecen a llegar cuanto antes. Pero lo que vieron era peor de lo que le habían contado. "El principal muelle", explicó Mc Callister, "está inservible. Las grúas se hundieron en el agua por efecto del terremoto. Más de 400 metros del atraque también están bajo el agua. El mar también engulló dos carretillas de las que extraen los contenedores de los barcos para depositarlas en los camiones. Es un desastre...".

Mientras a sólo unos metros, los helicópteros tomaban el Palacio Presidencial, los buzos del teniente Mc Callister se sumergían y salían otra vez a la superficie para hacer una evaluación rápida de la viabilidad del puerto. La primera conclusión llegó un rato después. "Tal como está ahora, no podremos utilizar más del 20% del puerto...". El dato no puede ser más grave. El 80% de los productos que necesitaba Haití en su lamentable vida cotidiana llegaba por el puerto. Los alimentos, las medicinas, los materiales para la construcción, los vehículos y el material de apoyo a la misión de Naciones Unidos, que hasta la fecha del terremoto tenía aquí desplazados a 10.000 soldados y 2.000 técnicos... "La gente", reflexiona el teniente de la Marina mientras observa a uno de sus soldados que va y viene con un mapa enmarcado del puerto, "ha estado muy pendiente del aeropuerto, sin darse cuenta de que, aunque es verdad que por aire llegan las cosas más rápidamente, el 90% de la ayuda tiene que llegar por el puerto. Y que un solo barco de carga equivale a 100 aviones...".

De regreso a la ciudad, el guardián tiene que abrir de nuevo el portón de hierro. Al hacerlo, el olor que llega del puerto penetra hasta hacerse insoportable. Y cuando la velocidad de la moto logra dejarlo atrás enseguida es relevado por otro, de polvo, de cadáveres. El paisaje de la destrucción -del que sólo se han salvado unos cuantos edificios oficiales- es tan rotundo que los mandos del portaaviones Carl Vinson han prohibido a sus soldados ver las imágenes en televisión. La CNN sólo se puede ver en los camarotes de los oficiales. Por eso, cuando los periodistas que viajan a bordo regresan al buque después de un viaje en helicóptero sobre la ciudad, los soldados le ruegan que les enseñen de soslayo las imágenes de la tragedia, lo que sigue sucediendo a sólo tres millas de su buque recién pintado.

miércoles, 13 de enero de 2010

FONDO DE AYUDA PARA VICTIMAS DE TERREMOTO EN HAITI.


Les saludo de manera triste y desolada a todos ustedes mis lectores y amigos, pero con la esperanza de que tomemos un respiro de fuerza y fe, para convertir el odio, la rabia, el desacuerdo, las contrariedades y nuestras bajas pasiones humanas, para convertirlas en solidaridad, en manos que ayuden, en manos que den al mas necesitado, en vidas utiles para servir a quien nos necesita a cada momento. Hoy por ti mañana por mi. Hoy nos necesitan en la hermana nación haitiana la cual fue desvastada en el dia de ayer por un terremoto de 7,3 grados en la escala Richter, la nación más pobre de América se hunde en la pobreza y la miseria y hoy he decidido unirme a la causa para mejorar las vidas de los que lo han perdido todo y no dependen de nada ni nadie que los ayude. Aqui estamos recolectando los fondos necesarios para llevar ayuda hacia esta nación que hoy me necesita ami y a ti tambien, nos necesita a todos. Por esta razón pongo a disposición mi cuenta de Paypal, mis cuentas de banco personales para recolectar los fondos en efectivo para convertirlos en comida, medicinas, ropas, materiales de construcción para ayudar y reconstruir juntos lo material que se ha perdido, ayudar a los desamparados que nos necesitan y deponer el orgullo y el egoismo haciendo lo que debemos hacer, servir, pues quien no vive para servir, no sirve para vivir. Hoy deseo que mis lectores, los que puedan hagan uso de sus recursos y demuestren su capacidad de servicio y su buena voluntad, como he dicho, no soy persona dada a estas cosas, por mi dignidad propia y la emergencia que he visto personalmente y dado a la poca capacidad y recursos limitados, los cuales estoy dando, espero lo mismo de parte de quienes pueden dar mucho más que yo.

Les dejo la bendición del señor y esperando su colaboración y su apoyo, reciban saludos cordiales del Autor.

Numero telefonico de contacto: 829-847-2676.

Dirección: Mauricio Baez 228 Apto D. Ensanche La Fe. 10153/ Santo Domingo.

Republica Domicana.


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